20 jun. 2011

Mi amiga Oli

Tras un descanso no sé si merecido pero sí necesario (léase exámenes finales y ¡afortunadamente! finales de verdad), vuelvo a retomar este espacio al que, a pesar de lo mal que lo trato, le tengo un cariño que no le demuestro y en el que, para mi sorpresa, hay nuevas incorporaciones (bienvenidos los nuevos seguidores).

En esta ocasión vuelvo como como licenciada (¡al fin! no veía este día) y con trabajo nuevo, con el que estoy encantada. Y es que, a pesar de los "marrones" que implica ser freelance, tener hoy día la fortuna de poder dedicarte a lo que te gusta palía todos los inconvenientes. Pero como no os quiero aburrir con mis batallitas diarias (lo dejo para otro día), vamos a algo más interesante.

Aún recuerdo cuando, estando en el colegio, me regalaron mi máquina de escribir. Una Olivetti Studio 46 azul (sí, la de la foto de abajo, tal cual. Con su eñe y todo). En aquella época, en la que en la escuela nos obligaban a escribir aún con lápiz y que cuando te dejaban usar el bolígrafo te sentías como si te hicieras mayor de golpe, pasar a la máquina de escribir suponía el mayor salto imaginable para mí, pequeña estudiante.

Avanzar cada día un poquito más en el aprendizaje de escribir sin mirar el teclado, los paseos con mi máquina al hombro hasta la academia, teclear cada vez más deprisa, desenganchar las varillas, rebobinar la cinta para ver si quedaba algo de tinta en algún centímetro del carrete (e, inevitablemente, llenarte los dedos de tinta).

La cinta podía ser de un sólo color o de dos, en cuyo caso te sentías afortunado por poder escribir en rojo y negro. ¡Parecía que con esos dos colores ibas a dominar el mundo de la escritura! Pero la máxima sofisticación llegaba si, además, tenías una cinta blanca con la que podías borrar lo escrito, a modo de Tipp-Ex, y podías escribir-borrar-escribir-borrar ¡Eso ya era la bomba!

Después se avanzó un poco más en este invento con las máquinas de escribir eléctricas (o electrónicas, nunca me quedó claro). Un paso intermedio entre las tradicionales y los ordenadores, pero a ésas no llegué, me parecían un híbrido, un "ni para ti ni para mí"; no me acababan de convencer.

Pues bien, este mes de junio, más de un siglo después de su aparición, ha echado el cierre la última fábrica de máquinas de escribir del mundo. Se encontraba en la India y fabricaba para la marca Olimpia.

Con esta clausura, han quedado huérfanos muchos escritores que reconocen que siguen prefiriendo depositar sus dedos en estas teclas a hacerlo en sus modernos sucesores, los ordenadores.

No es mi caso, que para escribir sigo prefiriendo el método tradicional, el manual; pero los recuerdos que me trae ese aparatejo me impiden deshacerme de él. Al contrario: de vez en cuando, necesito desempolvarlo y volver a sentir el sonido de sus teclas y varillas en movimiento.


*Nota: no soy ajena a lo que ocurrió ayer en más de medio centenar de ciudades españolas, pero no me ha dado tiempo a procesar las fotos. Prometo dedicar una entrada a este tema.

12 comentarios:

Toni dijo...

Ese sonido de las teclas al picar sobre la cinta...
Ummm!
Momentos imborrables...

Salu2

Pitt Tristán dijo...

En su momento era una aliada imprescindible pero, no me negaréis, que el teclado del PC, con las posibilidades de una imprenta no ha sido lo mejor que nos podía pasar a cualquiera que quiera escribir, no te digo nada a los que tenemos la suerte de haber aprendido a escribir a máquina en su momento. Velocidad, precisión y ¡poder corregir sin tirar toda la página! a pesar del Tipex.

Towanda dijo...

Grandes recuerdos los que me trae mi máquina de escribir. De hecho, fui con ella, a hacer dos oposiciones... allá por el siglo XX.
Me alegro de tu vuelta y de tu licenciatura.
Porque es una chica excelente, es una chica excelente, es una chica exceleeeeente y siempre lo será, y siempre lo será...

Un abrazo.

Ana Pepinillo dijo...

Ummmm eso, tu ni me avises ni ná, me debes un mail y un par de aclaraciones.

En cuanto a la máquina de escribir, no sé tu época (porque a veces parece que nos llevamos siglos) pero en la mía todas las niñas iban a la academia de mecanografía, en mi caso nunca fui, no lo vi interesante.

Cuando hice administrativo me costó sudor y lágrimas conseguir las pulsaciones que tengo, escribir sin mirar y no tener errores (no sé si llegaste a probar las máquinas del insti, pero vaya tela) Por cierto, aún recuerdo el dolor de meñique.

Cuando fui a hacer las prácticas de administrativo al hospital, me dieron una máquina eléctrica y DIOS! más fallos no podía tener, al final tuve que pedir a un más que mayor señor que me dejara su Oliveti, era el único que se negaba a tener ordenador.

Ea, luego dirás que no te comento.

Besos

Elvis dijo...

Caray! Yo aún conservo la mía en casa, igualita que la tuya... lo que pesa la condenada...
He estado tentado de deshacerme de ella unas cuantas veces, pero al final, me puede la nostalgia y sigue en mi trastero...
Cualquier día de estos hasta la uso...
Saludos.

Dama del Castillo dijo...

Toni Sí, el sonido del teclado del ordenador no le puede hacer sombra, verdad? :-)

Pitt Si tuviera que elegir con PC sin Internet y máquina de escribir... creo que dudaría, jejeje.

Towanda Oh! gracias por ese festivo recibimiento. qué ilusión me ha hecho! XD Yo no llegué a hacer opos con ella (ni opos, en general, jeje), pero tiene que ser un recuerdo...

Ana Cómo que no te he avisado?? No te dije que tenía entrada para cuando acabara los exams pero no te quise decir el tema? Haz memoria, anda... Las del insti sí que las probé, creo que fueron las últimas porque en esa época tuve mi primer PC (que aún me dura!! con formateos, etc., pero sobrevive)

Elvis Bienvenido! No te deshagas de ella. Lo mismo, como han dejado de fabricarse, dentro de unos años se revalorizan y te sacas un dinero :-)

Besos y abrazos a tutiplén, y gracias por haber tenido paciencia para esperar mi regreso :-)

Randall Flagg dijo...

Has vuelto Dama !!!!
Que bueno verte otra vez por estos lares !!!!

Salu2

Sergio dijo...

Madre mía, que recuerdos me trae la quincalla esa. Tal cual, del mismo color, me la pedí para Reyes cuando tenía 10 u 11 años y con ella aprendí con un método de mecanografía que tenía mi madre. Nunca me aprendí los números sin mirar, pero el resto está más que dominado.
Con el teclado no es ni parecido, menudos guantazos había que pegarle a algunas letras para que la escritura saliera uniforme.
...me hago mayor.
:)

Manuel Sánchez Acero dijo...

Qué hermosa entrada, Dama. Te he sentido en parte contenta de licenciarte pero también en parte melancólica por el pasar de los años y de las etapas. Y es que, cuando emprendemos un camino, uno quiere llegar hasta el final, pero sin perder la esencia de lo que una vez fuimos.

Creo que te entiendo perfectamente, sobretodo teniendo en cuenta que hemos cruzado juntos este umbral.

Un abrazo enorme y suerte con tus nuevas etapas!

Manu UC.

jm vanjav dijo...

Recuerdo nostálgico, yo tuve una idéntica, pero el teclado y la pantalla me resultan mas amigables.

PD: Me ha venido el olor del aceite de las maquinas de escribir :)

PD2: Ah y buena noticia personal para ti Dama, ¡¡¡CONGRATS!!!

Dama del Castillo dijo...

Randall Qué gusto da que te reciban con esta alegría! Gracias!

Sergio Y que lo digas! Aún recuerdo los mamporrazos que le daba al principio a las teclas del ordenador, acostumbrada al teclado de la máquina... Ah, bienvenido!

Manu Gracias, Manu. Es que, por mucho que quisiera terminar, cuando llega el momento no puedes evitar sentir algo de nostalgia, sobre todo recordando los inicios de la carrera. Pero bueno, hay que disfrutar el día a día, que volver atrás no sirve de nada! Por cierto, tú también has acabado? Espero que sí!

jm vanjav Yo no recuerdo ese olor :-( pero sí tengo la imagen de la máquina grabada (y lo que pesaba la condenada! jajaja). El ordenador es más cómodo, pero la máquina tiene su punto, jeje.

Gracias a todos por venir, leer y opinar. Besos y abrazos.

neko dijo...

Me gustan las máquinas de escribir, pero mas por el aporte nostálgico e historico que contienen.
Se ha dado pasos de gigante en todo lo relacionado con las letras, aunque me da penita que los niños ya no sepan lo que significaba una máquina de escribir. El escribir con mimo y sin prisa, con cuidado y dedicación.

Me alegro de que vuelvas con buenas noticias. Título y trabajo nada menos. Eres afortunada :)