19 de abr. de 2012

No diga recorte cuando puede decir ajuste

"Ajuste duro pero necesario". Últimamente, es raro el día que no escuchamos esta frase, que, por lo general, suele inmediatamente posterior al anuncio de algún nuevo recorte. Ya sea en Sanidad, Educación o cualquier otra partida correspondiente a los servicios públicos. En cual, es indiferente.

Y a base de una política informativa machaconamente repetitiva, muchos ciudadanos han empezado a creer que no hay alternativa, que la única salida posible a la crisis que ellos no han creado es que sean ellos los que hagan los sacrificios.

Ya lo dijo Goebbels: "Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". Y en estas estamos.

El despido nunca había sido tan fácil ni tan barato, pero asuminos que es mejor tener un trabajo cercano a la esclavitud, entendida como "la sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a un trabajo", bajo amenaza o temor constante de despido por la cantidad de mano de obra dispuesta a ocupar su precario puesto por un salario ínfimo.

Ayer fue el turno de la nueva forma de financiación Sanitaria. Es decir, el aumento del copago por parte de los ciudadanos por los medicamentos. Sin entrar a analizar cómo queda la situación y cuánto tendrá que pagar cada uno, en función de sus circunstancias personales, me sorprende escuchar a la ministra decir que este nuevo copago es "justo y equitativo". No sé que entenderá por estos dos calificativos cuando, con la nueva medida, pagará lo mismo por las medicinas una persona que gane 22.000 euros al año que una que gane 99.999.

Y cuando de perlas lingüísticas se trata, el ministro de Educación no tiene rival. Ha decidido aumentar el número de horas lectivas y de alumnos por clase con la inverosímil excusa de que de esta manera se socializarán mejor. Más allá del número de profesores que serán despedidos con esta medida (más alumnos por aula = menos aulas = menos profesores, creo que es sencillo de entender) este argumento me hace pensar que el ministro que las pronuncia toma por tontos a los ciudadanos. Pero, más aún, me hace dudar del conocimiento que tiene sobre el área de la que se encarga.

No sé cómo pensará que se maneja una clase de Primaria o Secundaria con treinta y tantos niños, pero ahí me gustaría verle.

Respecto a la educación post-obligatoria aún no se ha concretado nada, pero intuyo que los tiros van por la privatización del Bachillerato y la FP, por no hablar de los astronómicos precios a los que se van a poner las carreras universitarias (las que queden, claro, porque la eliminación de títulos es otro objetivo) y cuyo precio aumentará entre un 50 y un 100%. En definitiva, volveremos a los tiempos en los que sólo estudiaba el afortunado que podía costeárselo.

Y esto es un resumen de lo que va de semana.

Mientras, Rajoy anuncia que tiene tomadas todas las decisiones hasta junio. No lo creo. La sensación de improvisación que tiene cada nueva medida se huele a distancia.

En cualquier caso, cada nueva medida traerá un recorte. Y nos volverán a repetir la letanía de que es "doloroso pero necesario". La versión actualizada del "me duele a mí más que a ti". Y nosotros nos lo creemos.

Y mientras tanto, no dejan de repetirnos que nos lo merecemos, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Aunque yo creo que sería más correcto y más cercano a la realidad decir que han vivido por encima de nuestras posibilidades.

23 de feb. de 2012

Elegir entre poco y nada

Hace unos días se presentó la nueva (una más) reforma laboral (y van 52 en 32 años), que, supongo, ya habréis oído cada detalle. Por eso, y porque me imagino a que estas alturas cada uno tendrá ya su opinión sobre el tema, no voy a pararme a explicarla.
Foto de Vectorportal

El caso es que, en relación con el tema laboral, no faltan las voces que aseguran que tener un trabajo, aunque sea con un salario bajo es mejor que no tener nada.

Pero esta afirmación me suscita una pregunta: ¿realmente es mejor un sueldo que no alcance para cubrir las necesidades básicas que no tenerlo? ¿Tú qué opinas?

Personalmente, no tengo nada claro el tema. Lo que sí sé es que no lo veo tan sencillo como nos quieren hacer creer.

29 de ene. de 2012

No diga trabajador cuando quiere decir esclavo

El viernes conocimos una noticia que debería hacer que nos levantáramos de nuestro confortable sofá, apagáramos la televisión y demostráramos, cada uno de la manera que se le ocurra, que no somos simples receptores de información, pasivos y acríticos. Que no consumimos cada noticia y la digerimos rápidamente para dejar paso a la siguiente y evitar el atragantamiento.

Me refiero a los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), según los cuales 2011 acabó con 5.273.600 personas desempleadas.

Efectivamente, una y otra vez nos repetían que nunca llegaríamos a los cinco millones de parados, y ya los sobrepasamos, lo que supone que el 22,85% de las personas que quiere y puede trabajar no encuentra empleo. Lo que supone la tasa más alta de la historia de España, y de la Unión Europea; más aún que Grecia, Irlanda o Portugal, tres países declarados oficialmente en peor situación económica que nosotros.

Por si estos datos no fueran lo suficientemente escandalosos, más de 1,5 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro. Todos. Y, aunque no he encontrado el dato de cuántas personas han agotado su prestación por desempleo, me temo que los datos serán igual de bochornosos.

Ante estos datos, la CEOE se ha apresurado a pedir una "urgente" reforma laboral, la única solución que, según la patronal, puede reducir las cifras de paro. Y esto a pesar de que la realidad se empeña en demostrar lo contrario: que el mercado laboral español no es tan rígido ni es tan difícil despedir cómo quieren hacernos ver, y que hasta ahora ninguna reforma laboral ha servido para mejorar la situación.

Sin embargo, los empresarios, con el viento a favor del partido en el Gobierno, ven en esta situación la excusa perfecta para eliminar derechos a los trabajadores y reducir salarios e indemnizaciones por despido. en definitiva, empeorar, aún más, las condiciones laborales.

Y mientras tanto, los sindicatos comunicando.

¿Cuándo decís que hay que empezar a reclamar una reforma empresarial?

28 de nov. de 2011

Mercadocratizándonos...

Hace un par de domingos, el 20N, marcado en rojo en el calendario por algunos profetas de dudosa credibilidad como el día que España se jugaba su futuro, me dirigí a ejercer uno de los derechos que aún tenemos los ciudadanos: votar.

Acudí con la esperanza, pequeña pero aún presente, de que quizás no todo esté perdido y de que los ciudadanos todavía tengamos algo que decir respecto a las medidas adoptadas contra la tan mencionada crisis y que, aunque no soy economista (lo que, ante lo acertado de sus pronósticos, ya me hace replantearme las verdaderas intenciones de algunos de estos "expertos") se han demostrado ineficaces, cuando no contraproducentes.

Como iba diciendo, me dirigí al cole con la pequeña ilusión de que aún existen políticos que sí creen en otra forma de solucionar esta situación sin que seamos los trabajadores, los que, a priori y en comparación con otros actores de este sistema, contamos con menos poder adquisitivo, tengamos que sufrir las medidas de "ajuste" para resolver un problema creado por otros que se van con las manos llenas y la conciencia vacía.

Si en lugar de este pensamiento me hubiera movido la desconfianza, quizás hubiera hecho como ese casi 30% de votantes seguro de que un voto no cambia nada. O quizás no, porque no entiendo la abstención en un sistema más o menos justo pero que da multitud de opciones. Pero a este tema volveré otro día.

Como iba diciendo, pasado el 20N me volví a llevar un baño de realidad cuando me encontré con que la canciller Merkel y las agencias de calificación (otro ente por definir que me apunto para otra entrada) han puesto "deberes" al flamante presidente, Mariano Rajoy, y le instan a poner en marcha "reformas" que "sorprendan positivamente" a los mercados. Y creo que todos nos podemos hacer una idea de en qué dirección va este eufemismo, tan de moda últimamente.

Una vez que asumo que la democracia como "gobierno del pueblo" ha dejado paso, ya sin disimulo, a la "mercadocracia", sólo puedo preguntarme ¿nos queda a los ciudadanos algún margen de maniobra para conseguir que los gobiernos dejen de legislar en favor del dinero y lo vuelvan a hacer en favor de quienes les eligen con un mandato representativo claramente quebrantado?

10 de oct. de 2011

Trabajo decente versus trabajo, a secas

En uno de esos paradójicos momentos que, de vez en cuando, nos depara el destino, parece que para medir la capacidad de resistencia del ser humano, la semana pasada se celebró el Día Internacional del Trabajo Decente. Sí, a pesar de lo que muchos podamos pensar, ese día existe. No es broma. Y, lo que es más llamativo: se celebra. Aunque no sé si ése es el término más indicado. 

Pero para aquellos que hayan olvidado lo que implica esa expresión, o alguno de los dos términos que la componen, aquí dejo lo que, según la RAE, significan:

Trabajo: aparecen 12 definiciones, pero para este contexto sólo me quedaré con las seis primeras:
  1. Acción y efecto de trabajar.
  2. Ocupación retribuida.
  3. Obra (cosa producida por un agente).
  4. Obra, resultado de la actividad humana.
  5. Operación de la máquina, pieza, herramienta o utensilio que se emplea para algún fin.
  6. Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital.
 Decente:
  1. Honesto, justo, debido.
  2. Correspondiente, conforme al estado o calidad de la persona.
  3. Adornado, aunque sin lujo, con limpieza y aseo. Tiene una casa decente.
  4. Digno, que obra dignamente.
  5. Bien portado.
  6. De buena calidad o en cantidad suficiente.
Por tanto, se entiende que un trabajo decente deberíaser aquél que permitiera mantener una calidad de vida suficiente. Es decir, ni sobrevivir, ni vivir por encima de las posibilidades. 

Sin embargo, algunos, la mayoría, luchan por no perder la dignidiad, o el empleo, a secas, más calificativos. O por recuperarlos.

Mientras, otros, la minoría, se empeñan en que la amnesia colectiva y la inacción sean cadía día mayores, con el objetivo último de lograr que olvidemos, definitivamente, que ambos conceptos deben y, lo que es más importante, pueden ir indisolublemente unidos.

Y tú, ¿hasta dónde crees que es posible rebajar el nivel de lo que se da en llamar trabajo decente? ¿Cuál crees que es el motivo que ha llevado a menospreciar la calidad laboral?