1 ago. 2011

Hambre en África: la voluntad de querer cambiar las cosas


Estos días hemos podido ver, oír y leer en prácticamente todos los medios de comunicación que se ha declarado el estado de hambruna en Somalia. Como si la carencia de agua y alimento en determinadas zonas del mundo fuera algo nuevo o que acabamos de descubrir.

Sin embargo, hace más de una década, la ONU estableció entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio el año 2015 como fecha para reducir a la mitad el número de personas que pasa hambre. Resulta ofensivo que, con una producción mundial de alimentos suficiente para abastecer a toda la población mundial, sea necesario "obligar" a los países "ricos" a poner fin a esta situación.

En cuanto a las causas de esta catástrofe, en la que Somalia sirve de ejemplo de una larga lista de países en situación similar, encontramos algunas causas que, a priori, pueden parece inevitables, como la sequía o las inundaciones periódicas que sufre el "Cuerno de África". Sin embargo, detrás también hay otros motivos a los que sí se puede poner remedio. Si existe voluntad para ello, por supuesto. Es el caso de los conflictos sociopolíticos, los Estados fallidos (con un Gobierno sin autoridad o incapaz de garantizar los servicios básicos) o la venta, por parte del Gobierno, de las tierras más productivas a inversores extranjeros (principalmente, agroindustria, Gobiernos o fondos que especulan con el precio de los alimentos) y, de paso, mermando la capacidad de estos países para autoabastecerse.

Entre los Estados que llevan a cabo este último tipo de prácticas se encuentra Etiopía, donde la versión oficial defiende que el alquiler o la venta de las tierras tiene como objetivo "modernizar" a las tribus que viven en esas zonas. O lo que es lo mismo: que dejen de trabajar las tierras, expulsándoles de ellas, para que se conviertan en mano de obra de las multinacionales extranjeras que allí se instalen.

José Téllez
Personalmente, me descorazona ver que, día a día, se concede más y más poder a un reducido número de personas que pone los intereses económicos por encima de los intereses de los seres humanos; a quien tiene como único objetivo lograr su enriquecimiento a costa de un, cada vez mayor, empobrecimiento de la mayor parte de la población mundial.

Por último, por si quedaba alguna duda en cuanto a los ambiciosos Objetivos del Milenio, diré que creo que las soluciones no llegan solas (aunque creo que este es un hecho demostrado). Además de hacer reuniones en las que presentar una lista de buenas intenciones y una foto plagada de caras sonrientes, es necesario tener voluntad de alcanzar los objetivos planteados.

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