29 nov. 2010

¿Por qué todo acaba girando, siempre, en torno a un libro?

(Ana, si te gusta, dale una vuelta y a conquistar el mundo)


Trataba de concentrarse en el libro que tenía entre sus manos. Sabía que era bueno, o al menos eso le había dicho. Pero por más que lo intentaba, no podía.

Había alcanzado el límite de su concentración, y llegada a este punto su cabeza comenzaba a desviarse de cualquier otro pensamiento.

Cada palabra, cada línea de aquel libro le recordaba a él. Aunque la historia no tuviera que ver con él. Eso era lo de menos. Él había sido quien le había recomendado el libro, y eso para ella era suficiente.

Entonces eran otros tiempos. Eran felices, vivían juntos bonitos momentos, se tenían el uno al otro y no necesitaban a nadie más. Y sabía que no era una impresión suya: él también lo decía.

Pero, sin saber cómo ni cuándo, sin darse cuenta ni tiempo a reaccionar, las cosas empezaron a cambiar.

¡Qué distinto era ahora todo! Había intentado de mil manera distintas volver a acercarse a él, pero ahora era incapaz de derribar el muro que les separaba.

¡Si al menos supiera por qué todo había cambiado! Si supiera si había alguna forma de enmendar la situación...

Se conformaba con saber los motivos. No pedía más, sólo una explicación. Argumentos que provinieran de su boca, porque ella, por sí misma, se veía incapaz de encontrarlos.

Mientras mantenía el libro cerrado entre sus manos, con los ojos clavados en las letras de ese título, que también le recordaba a él, se decía a sí misma que no podía seguir así. Sabía que tenía que mirar al futuro y no dejar que el pasado siguiera condicionando su vida.

Lo sabía. Pero no podía. Así no. Era consciente de que mientras no cerrara esa puerta no tendría fuerzas para abrir la siguiente.

La leyenda negra de Kevin Carter


Había visto la fotografía y me había impactado. Pero no conocía su historia, que me ha removido aún más, si cabe. 

El sudafricano Kevin Carter tomó esta instantánea en Ayod, al sur Sudán, con la intención de denunciar la situación que allí se vivía. Se trataba de un lugar acosado por las hambrunas y la guerra desde la llegada al poder de los radicales islámicos.

La primera versión que escuché decía que Carter se había suicidado por las críticas recibidas a raíz de su pasividad, por haber dejado a la pequeña, agonizante, a merced del buitre.

Cuando conocí la historia me quedé tan impactada que comencé a indagar por la Red, donde encontré posturas que aseguran que las cosas fueron bien diferentes.

De este modo, di con el testimonio de Luis Davilla y José M. Arenzana. Al parecer, Carter llegó al lugar acompañado por el también fotógrafo Joao Silva. Ambos, cada uno por su lado, tomaron fotografías durante toda la mañana, y cuando se reencontraron Carter le describió la escena y se sentó a llorar. Dijo que había esperado 20 minutos a que el buitre entrase en plano, hizo la foto, espantó al ave (aunque este punto no está claro) y se marchó.

Davilla estuvo en la zona unos meses después y tomó fotografías similares, ya que, al parecer, los buitres abundan en la zona. Pero, según los dos españoles, la criatura no yacía en un páramo, como se había dicho, sino que se encontraba a unos 20 metros de la puerta del poblado y rodeada de gente que deambulaba a su alrededor. "Simplemente, esa niña se sentó a defecar", aseguran. Se encontraba en el estercolero de la tribu. 

La imagen provocó (y provoca) un estremecimiento en el espectador que muchos percibieron (y perciben) como "una especie de agresión a su sensibilidad", escribieron Arenzana y Davilla. Y a su conciencia, añado yo. Los heridos sentían que "alguien tenía que pagar por ello. Hasta que Carter, el agresor, pagó su culpa". Pero aun hoy sigue viva la polémica. 

Esta imagen le valió el Premio Pulitzer, un galardón por el que muchos profesionales de los medios venderían su alma (y por el que algunos han llegado a inventarse la historia, como es el caso de Janet Cooke, pero de esto hablaré otro día). Sin embargo, no llegó a disfrutarlo ni un sólo día. Al contrario: llegó a odiar la instantánea hasta el punto de no poder volver a verla. 

Hasta el punto de quitarse la vida... tremendo. Inexplicable. No tengo otras palabras para definirlo. 

Carter ofreció su versión de lo sucedido, pero para entonces su vida ya era un desastre. Había intentado suicidarse, fumaba White Pipe (una mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos), tenía problemas familiares, perdía sus carretes de fotos, sufría depresiones, llevaba una vida caótica y acumulaba numerosas experiencias trágicas, como la muerte de su amigo Oosterbroek en un suburbio de Johannesburgo mientras él concedía una entrevista con motivo de la concesión del galardón. 

A los 33 años, 16 meses después de tomar la foto y tres meses después de perder a su colega, la misma noche que recogió el Premio Pulitzer, dejó una nota, conectó una goma al tubo de escape de su coche y se suicidó.

¿Qué pasaba por la cabeza del fotógrafo mientras era el blanco de semejante linchamiento? Imposible saberlo.

Una fotografía en la que el protagonismo debería habérselo llevado la crítica que en ella se reflejaba, se volvió contra su propio autor.

Aún hoy sigue abierta la polémica. Pero Carter ya no está aquí para defenderse.




  • Aquí las fotos de Carter y Davilla, y el relato de éste y Arenzana.

23 nov. 2010

Desde el principio, otra vez

Hoy no tocaba actualizar. De hecho, alguno incluso se extrañará. Aunque ya aviso de que esta entrada no tendrá nada que ver con las anteriores.

Aunque será un post breve, necesitaba hacerlo, y dónde mejor que aquí, que estoy casi en "familia". Porque hoy ha sido uno de esos días en los que tengo que escuchar música muy alta para evitar oir mis propios pensamientos.



Aquí puedes ver el vídeo de la canción "Rosso Relativo", de Tiziano Ferro.

Ésta es, para quien aún no lo sepa (y le interese, claro) la canción que dio origen a mi nombre aquí (antes Dama del Castello).

¿Y por qué la recuerdo hoy? Porque el día ha ido precisamente de eso, de recordar mis principios.

Me he dado cuenta de que en ciertos momentos lo mejor es parar, respirar hondo y contar hasta 10. Reencontrarte, volver a ser tú y decidir qué quieres y qué puedes realmente conseguir. Saber si ambas cosas se corresponden o si, por el contrario, tienes que asumir ciertas limitaciones.

Y a esta tarea me he propuesto dedicarme a partir de ahora.



(Pues al final no me ha quedado tan breve como pensaba)

21 nov. 2010

Hasta siempre, compañero

Esta noticia la leí hace un mes aproximadamente, pero entre unas cosas y otras (por no decir por pereza), no había encontrado el momento de colgarla.

Así que hoy quiero empezar pidiendo un minuto de silencio por ese compañero, y más que compañero casi amigo, que nos ha acompañado en tantas ocasiones , viajes, momentos de soledad y días de alegría durante los últimos 30 años: el walkman.

Y es que Sony ha anunciado que, tres décadas y 200 millones de unidades (sí, 200 millones) después de su lanzamiento, deja de comercializar este aparato.

Sé que algunos dirán que siempre nos quedará el MP3, e incluso el discman, para los que no hayan dado el último salto tecnológico. Es cierto, sobreviviremos sin él. Pero ese sonido de las cintas rebobinándose, sufriendo porque parecía que el cassette iba a estallar en cualquier momento, y sin saber si has llegado a la canción que buscas, no lo dan estas nuevas tecologías.




Para terminar por hoy, y a petición popular, reproduzco la conversación absurda del fin de semana:

- Ser humano 1: El otro día tuve que escribir una autobiografía. ¡No!, una biografía.

- Ser humano 2: ¿De quién?

- SH 1: Mía.

- SH 2: Pues eso, una autobiografía.

- SH 1: O_o'