Hace poco más de un año inauguré este blog (aunque el número de entradas no lo demuestre) y hace exactamente 365 días le dediqué un post a esta fecha tan especial, capaz de despertar en ciertas personas la irrefrenable necesidad de mostrar sentimientos aparentemente vigentes el resto del año, pero ocultos sin rubor ni reparo.
Muchas cosas han ocurrido en este año, y en otras tantas he podido cambiar de percepción y punto de vista. Pero no en lo que se refiere a esta festividad, lo suficientemente edulcorada como para provocar un coma diabético a más de uno, uno de los más claros símbolos del merchandising, la hipocresía, la despreocupación y el desinterés durante el resto de jornadas.
Quien demuestra/recibe afecto a lo largo de todo el año, quien hace a otra persona sentirse especial cualquier día, sin motivo aparente y sin esperar nada a cambio, ¿necesita que tal día como hoy se lo demuestren por compromiso? ¿Qué tiene de especial dar/recibir un regalo el mismo día que cientos de miles de personas más en todo el mundo sabiendo que sólo lo da/recibe porque lo imponen los cánones consumistas?
