A veces me pregunto si cuando alguien tiene una maravillosa idea, si cuando se enciende una bombillita (led, que está bien ser productivo, pero ahorrando) será original o, por el contrario, en las antípodas hay, ha habido o habrá alguna materia gris en pleno funcionamiento y que dará como resultado la misma genial, magnífica y, sobre todo, “única” idea.
¿Está todo dicho? ¿Existe aún la posibilidad de ser totalmente distinto, original?
Vamos camino de los 7.000 millones de habitantes en este planeta. Eso son muchas cabezas trabajando, muchos pensamientos, opiniones y reflexiones recorriendo, día a día, segundo a segundo, numerosas conexiones neuronales. En definitiva: creando, creando, creando...
Surgiendo interpretaciones y pensamientos propios que se mezclan, complementan y funden con pensamientos e interpretaciones aportados por los que nos rodean, cerca o lejos, en el mundo real o virtual, con los que interactuamos, y que dan como resultado nuevos planteamientos, similares o diferentes a los anteriores.
En cualquier caso, pensar que lo que se me ha ocurrido a mí también ha sido o será ideado por otra cabecita a la que, muy probablemente, nunca llegaré a conocer, me parece un despilfarro de energía y, sobre todo, de ilusión. Por ello prefiero dejarlo en una simple teoría no demostrada y creo que indemostrable.
Y si tengo que decantarme, lo hago por la postura de que no, no está todo dicho. Queda sitio para la originalidad.


