29 ene. 2012

No diga trabajador cuando quiere decir esclavo

El viernes conocimos una noticia que debería hacer que nos levantáramos de nuestro confortable sofá, apagáramos la televisión y demostráramos, cada uno de la manera que se le ocurra, que no somos simples receptores de información, pasivos y acríticos. Que no consumimos cada noticia y la digerimos rápidamente para dejar paso a la siguiente y evitar el atragantamiento.

Me refiero a los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), según los cuales 2011 acabó con 5.273.600 personas desempleadas.

Efectivamente, una y otra vez nos repetían que nunca llegaríamos a los cinco millones de parados, y ya los sobrepasamos, lo que supone que el 22,85% de las personas que quiere y puede trabajar no encuentra empleo. Lo que supone la tasa más alta de la historia de España, y de la Unión Europea; más aún que Grecia, Irlanda o Portugal, tres países declarados oficialmente en peor situación económica que nosotros.

Por si estos datos no fueran lo suficientemente escandalosos, más de 1,5 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro. Todos. Y, aunque no he encontrado el dato de cuántas personas han agotado su prestación por desempleo, me temo que los datos serán igual de bochornosos.

Ante estos datos, la CEOE se ha apresurado a pedir una "urgente" reforma laboral, la única solución que, según la patronal, puede reducir las cifras de paro. Y esto a pesar de que la realidad se empeña en demostrar lo contrario: que el mercado laboral español no es tan rígido ni es tan difícil despedir cómo quieren hacernos ver, y que hasta ahora ninguna reforma laboral ha servido para mejorar la situación.

Sin embargo, los empresarios, con el viento a favor del partido en el Gobierno, ven en esta situación la excusa perfecta para eliminar derechos a los trabajadores y reducir salarios e indemnizaciones por despido. en definitiva, empeorar, aún más, las condiciones laborales.

Y mientras tanto, los sindicatos comunicando.

¿Cuándo decís que hay que empezar a reclamar una reforma empresarial?