28 nov. 2011

Mercadocratizándonos...

Hace un par de domingos, el 20N, marcado en rojo en el calendario por algunos profetas de dudosa credibilidad como el día que España se jugaba su futuro, me dirigí a ejercer uno de los derechos que aún tenemos los ciudadanos: votar.

Acudí con la esperanza, pequeña pero aún presente, de que quizás no todo esté perdido y de que los ciudadanos todavía tengamos algo que decir respecto a las medidas adoptadas contra la tan mencionada crisis y que, aunque no soy economista (lo que, ante lo acertado de sus pronósticos, ya me hace replantearme las verdaderas intenciones de algunos de estos "expertos") se han demostrado ineficaces, cuando no contraproducentes.

Como iba diciendo, me dirigí al cole con la pequeña ilusión de que aún existen políticos que sí creen en otra forma de solucionar esta situación sin que seamos los trabajadores, los que, a priori y en comparación con otros actores de este sistema, contamos con menos poder adquisitivo, tengamos que sufrir las medidas de "ajuste" para resolver un problema creado por otros que se van con las manos llenas y la conciencia vacía.

Si en lugar de este pensamiento me hubiera movido la desconfianza, quizás hubiera hecho como ese casi 30% de votantes seguro de que un voto no cambia nada. O quizás no, porque no entiendo la abstención en un sistema más o menos justo pero que da multitud de opciones. Pero a este tema volveré otro día.

Como iba diciendo, pasado el 20N me volví a llevar un baño de realidad cuando me encontré con que la canciller Merkel y las agencias de calificación (otro ente por definir que me apunto para otra entrada) han puesto "deberes" al flamante presidente, Mariano Rajoy, y le instan a poner en marcha "reformas" que "sorprendan positivamente" a los mercados. Y creo que todos nos podemos hacer una idea de en qué dirección va este eufemismo, tan de moda últimamente.

Una vez que asumo que la democracia como "gobierno del pueblo" ha dejado paso, ya sin disimulo, a la "mercadocracia", sólo puedo preguntarme ¿nos queda a los ciudadanos algún margen de maniobra para conseguir que los gobiernos dejen de legislar en favor del dinero y lo vuelvan a hacer en favor de quienes les eligen con un mandato representativo claramente quebrantado?