28 feb. 2011

Olof Palme: sin respuesta, 25 años después

Conocida por ser la sede de la Academia Sueca, que cada año decide a los galardonados con los premios Nobel, y, más recientemente, por ser el escenario en el que se desarrollan las novelas de la trilogía Millemiun, de Stieg Larsson, hace 25 años, Suecia, y concretamente su capital, Estocolmo, dejaba de ser ese tranquilo lugar al norte de Europa que ubicamos en el imaginario colectivo para saltar a la primera página de la prensa de todo el mundo tras el asesinato de su primer ministro, Olof Palme.

El líder del Partido Socialdemócrata, defensor del pacifismo y del universalismo y crítico con las dictaduras, se hicieran éstas llamar de derechas o de izquierdas, fue muy crítico con la postura de EE.UU. respecto a la guerra de Vietnam, las armas nucleares y la política del apartheid en Sudáfrica, y se mostró contrario a la intervención estadounidense en Cuba.

El compromiso de Palme también se extendió al pueblo palestino, defendiendo su derecho de autodeterminación, y con la problemática de los países del Tercer Mundo.

En política interna practicó la llamada "democracia social" como máxima expresión del Estado del Bienestar: alta presión fiscal y fuerte protección social, lo que situó a Suecia entre los países más ricos del mundo

El primer ministro fue tiroteado por un desconocido mientras paseaba en compañía de su esposa tras salir del cine. Hoy el hecho sigue sin estar resuelto, después de que en 1988 , dos años después de los hechos, un alcohólico y toxicómano compatriota suyo fuese detenido por, supuestamente, tener relación con el caso, pero posteriormente fuese absuelto por falta de pruebas.

Para evitar que el crimen prescribiera, algo que hubiera sucedido este año, el Parlamento introdujo una reforma en la legislación. De modo que el caso continúa abierto, aunque, aparentemente, no se vislumbre su resolución.

25 feb. 2011

¡Dame una L! ¡Dame... ¿otra L?!

Desde aquí quiero hacer hoy un llamamiento desesperado para pedir que, por favor, algún alma caritativa le regale al Consorcio de Transportes de Madrid un ordenador con todas las letras, y digo todas, incluida la ele.


Pincha en la foto para verla más grande:


14 feb. 2011

Feliz San Valen... ¿qué? (II)

Hace poco más de un año inauguré este blog (aunque el número de entradas no lo demuestre) y hace exactamente 365 días le dediqué un post a esta fecha tan especial, capaz de despertar en ciertas personas la irrefrenable necesidad de mostrar sentimientos aparentemente vigentes el resto del año, pero ocultos sin rubor ni reparo.

Muchas cosas han ocurrido en este año, y en otras tantas he podido cambiar de percepción y punto de vista. Pero no en lo que se refiere a esta festividad, lo suficientemente edulcorada como para provocar un coma diabético a más de uno, uno de los más claros símbolos del merchandising, la hipocresía, la despreocupación y el desinterés durante el resto de jornadas.

Quien demuestra/recibe afecto a lo largo de todo el año, quien hace a otra persona sentirse especial cualquier día, sin motivo aparente y sin esperar nada a cambio, ¿necesita que tal día como hoy se lo demuestren por compromiso? ¿Qué tiene de especial dar/recibir un regalo el mismo día que cientos de miles de personas más en todo el mundo sabiendo que sólo lo da/recibe porque lo imponen los cánones consumistas?

12 feb. 2011

"Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Ése no es mi oficio"

Inevitablemente, y sin la menor intención de repetir el tema de la entrada anterior, hoy me ha venido a la cabeza de manera recurrente esta mítica escena. El discurso final de Hinkel, en El Gran Dictador.

Supongo que serán las circunstancias que rodean al mundo estos días y de las que me resulta imposible abstraerme por completo.

Disfrutadlo. Feliz fin de semana y... hasta el lunes.


 

7 feb. 2011

Tiempos modernos, muy modernos

El 5 de febrero de 1936 se estrenó el largometraje Tiempos modernos, dirigido, escrito y protagonizado por Charles Chaplin y considerado un film paradigma de la crítica social.

Esta película, la última en la que aparece el entrañable personaje Charlot, retrata las desesperadas condiciones laborales que la clase obrera tuvo que soportar en la época de la Gran Depresión.

El protagonista, un empleado de una metalúrgica extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje, acaba perdiendo la razón. Tras salir del hospital y pasar por la cárcel (para más información, recomiendo ver la película), acaba reemprendiendo, junto a una chica huérfana, la lucha por la supervivencia.

Ambientada en la crisis económica de finales de los años 20, con la eficiencia de la industrialización y la producción en cadena mostradas como causante de los males de la clase obrera... Si lo miramos desde la distancia, afortunadamente la situación ha cambiado. ¿O quizás no tanto?